Festejemos las Pascuas, “el paso de la muerte a la vida”, con rezos, alegría y esperanza

Festejemos las Pascuas, “el paso de la muerte a la vida”, con rezos, alegría y esperanza

¡Hola mi gente! Siento una inmensa alegría al volver a contactarme con todos ustedes mediante esta gran vía de comunicación. Y sobre todo al hacerlo en esta semana tan especial para todos los católicos y para todos los creyentes del mundo: la Semana Santa, las vísperas del Domingo de Pascuas que conmemora la resurrección de Jesús al tercer día de haber sido crucificado.

Estos son días que nos invitan a tomarnos un tiempo para la meditación y la reflexión, días para invocar y acompañar a Jesús mediante nuestra oración, para realizar pequeños sacrificios y arrepentirnos de modo sincero de todos nuestros pecados.

Para quienes no lo tienen claro, les cuento que la Semana Santa fue la última semana de Jesucristo en la Tierra hasta su resurrección, el Domingo de Pascuas, que nos recuerda a todos que debemos vivir por siempre junto a Dios.

Escribo estas líneas a pocos minutos del Viernes Santo, el día en que recordamos la flagelación que debió vivir Jesús, los interrogatorios de Pilatos y Herodes, la dolorosa coronación con espinas y la crucifixión. En muchos países del mundo se conmemora con la tradicional ceremonia del Vía Cruces.

Y luego del Sábado de Gloria vendrá el Domingo de Pascuas, un día donde reina la alegría, que se conmemora al día en que Jesús venció a la muerte dándonos vida. Él nos dio la oportunidad de salvarnos y de ingresar al reino de los cielos. La Semana Santa cambia su fecha año a año, ya que coincide con la primera luna llena de la primavera boreal. Los judíos celebraban la fiesta de Pascuas en recuerdo de la liberación de la esclavitud de Egipto.

Mi mensaje para esta fecha tan importante es que, más allá de las creencias y de la religión que profese cada uno, los invito a elevar sus oraciones y a reflexionar sobre su pasado y su presente pero sobre todas las cosas sobre su futuro, con alegría, fe y esperanza en el porvenir. Así como Jesús murió en la cruz para salvarnos a todos, nosotros debemos sacrificarnos por aquello que ansiamos alcanzar en nuestras vidas. Me gustaría que todos dejen atrás sus temores, sus rencores y sus traumas para enfocarse, junto a las personas que los rodeen, en vivir mejor y con mucho amor, paz y armonía en sus corazones.

 

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